Se realiza un experimento en el que están en una habitación la madre y el hijo. Aparece una persona extraña que comienza a jugar con el niño y la madre sale de la habitación. Pasado unos minutos entra de nuevo la madre, pasa un rato y de nuevo la madre sale de la habitación y la persona extraña entra a calmar al bebe. A los pocos minutos entra de nuevo la madre.
El comportamiento que tiene el niño nos indica el tipo de apego que tiene establecido con la madre. Hay cuatro tipos de apego
· Apego seguro.
· Apego ansioso – evitante.
· Apego ansioso – resistente o ambivalente.
· Apego desorganizado – desorientado.
APEGO SEGURO
El bebé examina el recinto y los juguetes con interés durante los períodos previos a la separación. Da señales de echar de menos a la madre durante la separación, a menudo lloros durante la segunda separación. Preferencia obvia por la madre frente al extraño. Saluda a la madre activamente, normalmente iniciando el contacto físico. Normalmente cierto mantenimiento de contacto hacia el segundo reencuentro, pero después se restablece y vuelve al juego.
APEGO ANSIOSO – EVITATIVO
No llora durante la separación de la madre. Evita e ignora activamente a la madre durante el reencuentro (p.e. alejándose, mirando en otra dirección o soltándose de los brazos cuando se le alza). Escasa o ninguna proximidad ni búsqueda de contacto, no hay señales de angustia ni de ira.
La respuesta a la madre parece carecer de emoción. Se centra en los juguetes o en el ambiente durante todo el procedimiento.
APEGO ANSIOSO – RESISTENTE O AMBIVALENTE
Puede mostrarse cauto o angustiado antes de la separación, con escasa exploración.
Preocupado por la madre durante todo el procedimiento, puede parecer furioso o pasivo.
No logra establecerse y confortarse cuando reencuentra a la madre y normalmente continúa centrando su atención en la madre y sigue llorando. No logra volver a la exploración tras el reencuentro.
APEGO DESORGANIZADO - DESORIENTADO
El bebé muestra conductas desorganizadas y/o desorientadas en presencia de la madre, sugiriendo un colapso temporal de las estrategias conductuales. Por ejemplo, el bebé puede congelarse con una expresión equivalente al trance, manos abiertas, puede alzarse ante la entrada de la madre, después caerse y acurrucarse sobre el suelo, o puede aferrarse mientras llora amargamente y sin embargo distanciarse con la mirada.
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